22 de septiembre de 2017

Entidades sobrenaturales de la religión popular en China





Imágenes, de arriba hacia abajo: caja de laca con ocho luohan o inmortales daoístas reunidos en un bosque. Siglo XVIII; Guanyu, antiguo general Han, convertido en dios protector, acompañado por dos de sus capitanes; inmortal daoísta sobre una tortuga. Nanyang-Xijiao; y pintura que muestra al Emperador de Jade y los Reyes Celestiales. Tinta sobre seda.

La religión popular china consiste en la creencia en una multitud de seres divinos, así como en la práctica de ceremonias y rituales que permitan estar en consonancia con ellos. Las entidades divinas pueden dividirse en dioses naturales, ancestros y deidades que derivan de algunos ancestros, y fantasmas y demonios. 
Los dioses naturales, son divinidades del Cielo y la Tierra, de ríos y lagos, montañas y campos, planetas y estrellas, lluvia y viento, o rayo y trueno, entre otros aspectos. Se conciben como seres semi antropomórficos o semi bestiales (como las deidades asociadas al agua, que se perciben habitualmente con forma de dragón), y se piensa que están organizadas en un sistema jerárquico de mando, con el Cielo en la cumbre y otros varios dioses a su servicio. En tal sentido, por ejemplo, las deidades de las cinco montañas sacras dominan sobre aquellas de cumbres bajas.
El impacto de estos dioses naturales sobre la vida humana es grande. Determinan la fertilidad de la tierra, las precipitaciones o el acontecer de los desastres, como terremotos o inundaciones, pero también la armonía de la sociedad y la selección del gobernante. Son propiciados a través de los regulares sacrificios estacionales que se ofrecen en altares naturales especiales. Son observados por todos, tanto por el rey y la nobleza como por parte de la población campesina común. Cielo y Tierra deben ser adorados particularmente por el rey o el emperador, mientras que los varios dioses de las montañas, campos y cursos de agua, lo deben ser por la gente local.   
A este panteón natural básico, los cosmólogos de la época Han añadieron diversas otras figuras, entre las cuales destacan, principalmente, los Cinco Emperadores (wudi), como representantes de los poderes cósmicos de las Cinco Fases. Cada uno era adorado en su correspondiente estación y con su particular color, número o tono musical. Ellos establecen una deidad central conocida como la Gran Unidad (Taiyi), con la intención, precisamente, de mantener una posición central. El Gran Uno fue cercanamente asociado con Dao, que se convirtió en deidad en la etapa dinástica Han, siendo adorado en la figura de un Laozi santificado, equipado con poderes cósmicos y sobrenaturales. Hubo, asimismo, una tendencia en la religión popular (y en la oficial) a añadir representaciones con forma humana de abstracciones de entidades cósmicas al panteón básico de los dioses basados en la naturaleza.
El segundo grupo principal de deidades fueron los ancestros, definidos como parientes muertos recientemente en la línea masculina familiar, que eran usualmente venerados hasta por cinco generaciones. Su adoración fue especialmente prominente en la época Shang, cuyas gentes creían que la mayoría de los sucesos vitales eran causados por la buena voluntad o las maldiciones de un antepasado. Su calendario (en semanas de diez días) se establecía en función de ellos, de modo que se pudieran llevar a cabo sacrificios regulares en honor de todos. Desde el período de los Estados Combatientes, la existencia de los antepasados ha sido entendida en dos partes, como almas hun y po, que se separarían en el momento de la muerte y tomarían diversos caminos. La parte hun o espiritual se movería hacia un cielo ancestral, y se podría acceder a ella a través de la adoración de las tablillas de los ancestros en la casa. Por su parte, la parte material (po), quedaba en la tumba, en donde debía ser cumplimentada con un contrato legal que la asociaba a la tierra de la sepultura, al igual que con bienes y el cuidado preventivo necesario para evitar que regresase en la manera de un fantasma.
Se creía que los ancestros eran más o menos conscientes y “conocían” los asuntos de sus descendientes. Requerían complementos regulares de alimentos, incienso, vino y encantamientos. En contrapartida, retornaban buena fortuna y proveían protección. La relación es, por tanto, estrictamente recíproca. Los desastres o las enfermedades, se atribuían, muy a menudo, a la negativa de satisfacer los deberes ancestrales.   
Algunos antepasados acabaron siendo considerados meritorios y muy benéficos para la sociedad, de tal modo que se creyó necesario que no se limitasen a servir a una determinada familia. Por medio del consenso popular, y gracias a ratificaciones en largos procesos de reconocimiento, tales ancestros eran convertidos en deidades populares que servían a una específica comunidad, o crecían hasta llegar a ser deidades nacionales. Ejemplos notables muy conocidos son el del dios de la ciudad de Shanghai, un meritorio oficial local que vivió en el siglo XIV, y que fue promovido a sus sobrenatural posición por petición popular, o el dios de la riqueza, Guandi, en origen un militar, en concreto un general, quien vivió en el siglo III. Fue adorado, en principio, localmente y luego nacionalmente, hasta el punto de que sus templos están diseminados por las principales ciudades chinas. 
Los dioses populares que crecieron a partir de los ancestros también se establecieron en jerarquías organizadas, dividiéndose, no obstante, en departamentos separados, todos ellos bajo la supervisión y control del Emperador de Jade (Yuhuang), la personificación del Cielo. Uno de esos departamentos relevantes es el llamado Departamento del Destino, gestionado por el gobernante del Destino (Siming), una deidad que fue primero documentada en el siglo IV a.e.c. y que todavía en la actualidad es relevante. Un comportamiento apropiado en la tierra y una regular adoración de estas divinidades aseguraba la buena fortuna y la prosperidad, incluso a las generaciones venideras.   
Los fantasmas y demonios, definidos para la mayoría como muertos infelices o descontentos, suelen ser entidades que fueron personas fallecidas y que han regresado buscando venganza. Otros fantasmas y demonios son, por el contrario, ancestros que han sido negados por parte de sus familiares y están hambrientos y, por tanto, se encuentran en busca de sostenimiento. Incluso algunos pueden ser animales mutantes, criaturas que alguna vez ganaron el poder de cambiar de forma y causar problemas e inconvenientes de diferente consideración.
Al tratar con este tipo de entidades la gente toma sus precauciones más básicas, como es el caso de colgar ramitas para espantar demonios (especialmente de madera de melocotonero), ubicar talismanes sobre las puertas de las casas, recitar encantamientos contra los fantasmas cada vez que entran en un área desconocida e, incluso, llevar a cabo una ritual de adivinación. No obstante, una vez que un demonio se ha dado a conocer, deben tomarse otra serie de medidas más activas, como arrojarle una zapatilla, mantener cerca de él un espejo, que revela su verdadera y repugnante forma, o llamarle por su nombre. En algunas ocasiones, se hacen necesarios ritos de exorcismos o ritos chamánicos en los que los demonios son invocados e identificados para ser convenientemente expulsados y desterrados.
Las comunidades daoístas antiguas participaron de esta cultura popular y adoptaron sus rasgos clave. Sin embargo, también añadieron un diferente tipo de deidades al panteón, no basadas ni en la naturaleza ni en personas fallecidas. Este tipo de divinidades está representado por los inmortales, quienes fueron originalmente humanos pero cuya metamorfosis en seres espirituales no incluyó la separación de dos almas y, por consiguiente, no tuvieron una muerte como comúnmente se entiende. Entre las divinidades se incluyeron personificaciones de fuerzas cósmicas mayores, como Laojun (Señor Lao), personificaciones del Dao, la Reina Madre de Occidente  (Xiwangmu), representante del yin cósmico y reina de los inmortales, y el Señor Rey del Oriente, símbolo del yang cósmico. Todos ellos se consideraron seres de elevada pureza y fueron, de tal manera, superiores a los dioses derivados de gente fallecida.
Por otra parte, los daoístas antiguos rechazaron también los trances chamánicos, los sacrificios sanguinolentos y los rituales orgiásticos de fertilidad, remplanzándolos por comunicaciones escritas a los dioses. Expresaban sus oraciones y deseos en peticiones, memoranda y anuncios, estableciendo así una línea formal de comunicación con el otro mundo. Para ello el maestro hacía las veces de oficial ultramundano y, en consecuencia, portaba sellos y poderes que le permitían la comunicación con la esfera divina. 

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB. FEIAP-UGR. Septiembre del 2017. 

10 de septiembre de 2017

La Edad del Bronce en Chipre







Imágenes, de arriba hacia abajo: un askos zoomórfico en terracota. Chipriota Medio III, 1700-1600 a.e.c.; bol de cerámica deslizante blanco. Museo Británico, Londres; una cerámica de base anillada. Chipriota Tardío; una crátera de terracota con un carro. Micénico, del Heládico Tardío IIIB, hacia 1300-1250 a.e.c.; ídolo en cerámica roja pulida. Cultura Philia, hacia 2100 a.e.c. y finalmente; un ídolo en terracota. Chipriota Antiguo, hacia 2700 a.e.c.

La tecnología propia adecuada al trabajo de los metales debió llegar a Chipre introducida por nuevas poblaciones llegadas de ultramar, probablemente procedentes de Anatolia, que huirían de las perturbaciones que marcaron el final de la Edad del Bronce en la región, hacia 2300 a.e.c. Pudieron verse atraídas por los depósitos de cobre de la isla. Se asentaron en los valles ribereños, cerca del mar y en los confines occidentales de las montañas Kyrenia. Además de herramientas y armas, los una vez asentados representantes del Chipriota Antiguo, trajeron consigo nuevas costumbres funerarias y novedosos tipos cerámicos, en concreto, una cerámica roja pulida, cuya mayoría de ejemplares estaban sin decorar, aunque algunos muestran patrones lineales incisos.
Las fases del período chipriota antiguo se establecen en función de los cambios en la cerámica. El sitio mejor conocido del Chipriota Antiguo I es el cementerio de Vounous, más allá de las llanuras costeras fértiles de Kyrenia. Sin embargo, es muy probable que el Chipriota Antiguo no sea el estado cultural más arcaico. La cultura Philia (en la región del valle del Ovgos) parece más antigua, pues produjo objetos de cobre, así como cerámica que precede al material más antiguo encontrado en Vounous.
Las excavaciones en Vounous han recuperado una serie de grupos de tumbas que pertenecen no solamente al Chipriota Antiguo, sino al conjunto del Chipriota Antiguo y Medio. Las formas de las vasijas para contenían productos, sobre todo jarras y ánforas, fueron variando. En el Chipriota Antiguo III el uso de ornamentos incisos se hizo más común y los patrones más intrincados. Una cerámica pulida negra se hizo popular en el Chipriota Antiguo III. Las vasijas son ahora más pequeñas y de modo invariable llevan patrones incisos. Además, se hacen normales las figuras de animales, como serpientes y pájaros, en forma de relieves sobre las vasijas; incluso las figuras humanas también aparecen, como las halladas en las tumbas del Chipriota Antiguo III en Lapithos.
La distribución más o menos extensa de sitios del Chipriota Antiguo III sugiere una cierta expansión territorial. Un yacimiento excavado en Alambra, en Chipre central, ha revelado una casa de dos habitaciones, con un patio y cercas para los animales domésticos.
Un cierto conocimiento de las actividades cotidianas de los chipriotas del período Antiguo puede adquirirse de una serie de modelos cerámicos encontrados en las tumbas en Vounous y en otras localidades. Es el caso de modelos de género que muestran hombres arando con bueyes, adoradores con sus ofrendas en santuarios al aire libre, o de una completo cercado sacro en el que se pueden observar animales en corrales listos para ser ofrecidos a los dioses, cuyas imágenes aparecen modeladas sobre los muros. También existen ejemplos de oficiantes, sentados o de pie, así como de adoradores. Algunas de estas escenas de género, en relieve o en figuras exentas, decoran cuencos o jarras. Hay representaciones de mujeres limpiando maíz, haciendo pan o libando líquidos, así como de hombres atendiendo animales o trabajando la tierra.
Antes del final del período Chipriota Antiguo hubo clara evidencia de un comercio ocasional entre Chipre y la región Sirio-Palestina, Creta y Egipto. Ejemplos notables son los hallazgos de una vasija pintada del Minoico Antiguo III en la tumba de Lapithos, datada en el Chipriota Antiguo III, o la copa de Camares, del Minoico Medio I, que apareció en la tumba de Karmi (Chipriota Medio I). Tales hallazgos indicarían que el fin del Chirpiota Antiguo III se habría producido en torno a 2000 a.e.c.
La principal distinción entre el Cipriota Antiguo III y el Medio I es la aparición de cerámica con ornamentos pintados (cerámica pintada en blanco). Sin embargo, la cerámica pulida roja continuó presente a través del período Chipriota Medio. El conocimiento del período chipriota medio depende casi exclusivamente de la evidencia hallada en cementerios. En el sitio de Kalopsidha se encontró una casa con diez habitaciones, y que incluía, además, graneros, talleres y un patio, lo cual revela un complejo mucho más sofisticado que la casa simple de dos habitaciones del yacimiento del Chipriota III de Alambra. 
El período Chipriota Medio no parece que hubiera sido pacífico, a juzgar por la profusión de armas encontradas en los sitios de enterramiento y de las fortificaciones de varios lugares de ocupación.  Muchos de los los sitios fortificados están muy alejados de la costa, lo cual supone que no fueron erigidos como protección de enemigos que procedieran desde el mar. Parece más probable que la isla estuviese pasando por una etapa de desunión en buena parte del período Chipriota Medio.
En esta etapa se produce un incremento de de los contactos de la isla con sus vecinos de ultramar. Durante el período Chipriota Medio III, en particular, los bienes chipriotas, en especial la cerámica, se desplazó hacia el área Sirio-Palestina, en tanto que muchos objetos hechos en esa región, así como en Anatolia, se han encontrado en Chipre. El cobre debió haber sido un elemento relevante en este contacto mercantil. Un buen número de las ricas ciudades del período Chipriota Tardío debieron sus fundaciones a estos movimientos comerciales, un hecho que ilustra, de paso, el fin del aislamiento de la isla en relación a sus vecinos, así como el primer paso hacia la pérdida del carácter chipriota. Existen, no obstante, atisbos de regionalismo, lo cual se observa, preferentemente, en el Chipre oriental, en particular en lo tocante a la cerámica roja sobre blanco (vasijas cubiertas de un enlucido blanco con varios patrones lineales simples añadidos en pintura roja).
El comienzo del período Chipriota Tardío se ubica, cronológicamente hablando, en el siglo XVI a.e.c. Se divide en tres etapas principales y diversas subfases, que permanecieron activas durante cinco siglos. Se observa un incremento de la participación de la isla en el comercio y la política internacional. Ahora, las influencias foráneas prácticamente extinguen los elementos propios culturales distintivos. El período comienza sin cambios dramáticos en lo referente a la cultura material.
El período Chipriota Tardío I no debió haber sido tranquilo, pues las fortalezas permanecieron en uso y algunas de ellas sufrieron daños y destrucción. Además, las tumbas, tanto en el este como en el occidente de la isla, contienen masas de inhumaciones, lo que puede implicar consecuencias de operaciones de guerra, aunque también una epidemia letal. Tal vez por la inestabilidad hubo pocas innovaciones en la cultura material en este período I. Hubo pocos avances técnicos en la metalurgia, mientras que mucha cerámica siguió siendo hecha a mano, según las tradiciones anteriores.
Sin embargo, el comienzo del período Chipriota Tardío es marcado por dos relevantes nuevas manufacturas de cerámica. Una de ellas es la cerámica de base anillar. Es hecha a mano, producida con esmero. Las piezas tienen unas paredes extremadamente finas. Es una cerámica cocida a muy altas temperaturas. Se cubría con una delgada y pulida capa marrón oscura y, a menudo, las vasijas iban decoradas en relieve. Muchas de estas piezas fueron exportadas desde Chipre al Levante y al Egipto de la Dinastía XVIII. La otra es la cerámica de deslizante blanco, cuya decoración es lineal, con uso de pintura naranja, negra o marrón. Incluso en algunos ejemplos se empleó un esquema bicolor.
Desde el período Chipriota Antiguo, algunos chipriotas tuvieron la oportunidad de escribir y de leer.  Los contactos regulares con sus cercanos vecinos continentales les pudieron haber enseñado las ventajas de la escritura. Se ha hablado de un sistema chipriota propio, con semejanzas con la escritura silábica de la Creta minoica (el chipro-minoico). Esta escritura ha sido hallada en la forma de textos continuos sobre tablillas de arcilla, cuyos ejemplos más antiguos se descubrieron en Enkomi y datan de 1500 a.e.c., y también en la forma de breves inscripciones incisas, pintada sobre vasijas cerámicas, impresa en objetos de metal o incluida en el diseño de sellos de piedra.  No ha habido, hasta la fecha, un desciframiento satisfactorio de este tipo de escritura. Lo único que parece evidente es que pudo tener una influencia próximo-oriental.
Aunque las tablillas más antiguas conocidas se descubrieron en Enkomi, algunos estiletes en hueso, probablemente empleados en la escritura, fueron hallados en Kouklia (Paleo Paphos) y en Hala Sultan Tekke (en las proximidades de Larnaka). En consecuencia, parece factible que una literatura, aunque limitada, estuviese generalizada, al menos en las ciudades principales. 
Los sellos cerámicos, habían estado en uso desde hacía largo tiempo en el Próximo Oriente. Servían para identificar a los dueños de alguna mercancía o una cierta propiedad, para suscribir contratos o autorizar acciones en las sociedades en las que solamente un  pequeño grupo de administradores privilegiados podían leer y escribir. Un buen número de sellos en forma de cilindro fueron traídos a Chipre desde el Próximo Oriente ya desde el período Chipriota Tardío. Incluso surgió una escuela de talladores de sellos chipriota cuyos trabajos reflejan los estilos de los sellos cilindro de Siria. Anteriormente, los estilos de los sellos mostraban influencias egeas. El empleo de sellos, así como el uso de la escritura, muestran la cada vez mayor participación de la isla en la sofisticada vida política y comercial de la isla en el Mediterráneo Oriental en la época de desarrollo del Reino Nuevo en Egipto (entre 1560 y 1075 a.e.c.).
Desde mediado el siglo XV a.e.c. Chipre llegó a tener una importancia mayor para la Grecia micénica. La cerámica micénica fue importada en grandes cantidades, apareciendo continuamente en asentamientos y en tumbas a lo largo del los siglos XIV y XIII a.e.c.[1] Es, de hecho, muy abundante en Enkomi, en el sureste de la isla, en lugares como Pyla, Hala Sultan y Larnaka, así como en las costas del sur, caso de los yacimientos de Maroni, Episkopi y Kouklia.
La riqueza, fruto de estos intercambios, se incrementó en Chipre. Los objetos de lujo, de plata y oro o en materiales exóticos como calcita, marfil, fayenza, provenían de Egipto, Próximo Oriente, regiones de África y el Levante. Los chipriotas empezaron a usar estos materiales, como parece corroborarse en la banda para la frente dorada usada para cubrir los ojos del fallecido, hallada, casi con seguridad, en Enkomi. Así, un material egipcio y una influencia ornamental micénica, se unían en una artesanía elaborada en Chipre.
Durante el periodo Chipriota Tardío II, los abundantes asentamientos y necrópolis sugieren un aumento de población y un claro contraste entre las comunidades urbanas, con un fuerte elemento “industrial” en su economía (en específico el trabajo del cobre), y los asentamientos rurales, que continuaron su estilo tradicional de vida.
La creciente importancia económica de Chipre debió haber sido objeto de atención de sus vecinos europeos y asiáticos, aunque este hecho no se observa reflejado convenientemente en los textos contemporáneos. Esta irónica circunstancia podría tener su explicación en la asunción de que Chipre sea lo mismo que Alashiya. En principio, debe identificarse la isla con A/ashiya, sobre la cual existen numerosas referencias en documentos de Siria, Anatolia y Egipto. En tales fuentes, se señala que Alashiya envía cobre a Egipto a cambio de ébano, plata; comerciaba con Anatolia y Siria intercambiando cobre por bienes manufacturados. Se estaría hablando de un país con su propio rey y que, a fines del siglo XIII a.e.c. era tan importante, que tenía una flota propia.
En el siglo XII a.e.c. Chipre estuvo inmersa en las tribulaciones de sus poderosos vecinos. Además, entre otras vicisitudes, sufrió catástrofes (en torno a 1200 a.e.c.), que motivaron la destrucción de Enkomi y de otros centros mayores, lo que propició un posterior renacimiento visible en la cultura material. Es tentador conectar esos eventos con la Grecia micénica, en la que muchos grandes centros sufrieron destrucción, caso de Esparta, Pilos o la propia Micenas, a lo que siguió una diáspora parcial de la población sobreviviente. Algunos de ellos alcanzaron, sin duda, Chipre en torno a 1200. En la isla introdujeron rasgos de su cultura material. Su presencia ha sido claramente establecida, por ejemplo, en Enkomi, tal y como se desprende de la extensiva excavación del sitio, pero también hay trazas en Kouklia, Pyla, Maa, Larnaka, Sinda y Ayios Sozomenos.
La llegada de estas gentes coincidió con el desarrollo de unos nuevos y más sofisticados esquemas arquitectónicos y de técnicas de construcción.  En la industria metalúrgica, incluso, se produjo una suerte de revolución, que incluye la aparición de nuevas técnicas o el empleo de un nuevo repertorio de diseños y ornamentos, muchos de los cuales tienen sus raíces en la Grecia micénica. Los “refugiados” micénicos jugarían un papel relevante en el renacimiento chipriota del siglo XII a.e.c. No obstante, también Chipre se vería afectada por otros recién llegados, tanto desde Siria como desde Palestina.
Gracias a la cerámica se infiere que otros grupos de “refugiados” de Grecia y, tal vez, de Creta, encontraron su destino en Chipre durante el curso de la duocécima centuria. Al final del siglo se produjo, no obstante, un lento deterioro. Solamente sobrevivieron unos pocos antiguos centros urbanos, entre ellos Kouklia, Episkopi, Larnaka, Lapithos  y, quizá, también Dhali.
La transición entre el final de la Edad del Bronce Tardía (Chipriota Tardío) y el inicio de la Edad del Hierro (período Chipro-Geométrico) fue un proceso casi imperceptible, fechado en torno a 1050 a.e.c. Su principal indicador es el ligero cambio observable en el estilo de la cerámica pintada: se remplaza la cerámica pintada proto blanca por la pintada en blanco I, pues el hierro ya se conocía en la isla desde hacía más de un siglo. En cualquier caso, ese cambio no estuvo marcado por violencias y catástrofes, según se desprende del registro arqueológico del que se dispone.

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB. FEIAP-UGR. Septiembre de 2017.



[1] Tan grande es la cantidad de cerámica micénica en Chipre que algunos eruditos supusieron que se establecieron colonias micénicas en Chipre durante el siglo XIV a.e.c., y que la cerámica fue hecha localmente.  Sin embargo, en contra de esta apreciación se encuentra el hecho de que no existe ninguna otra indicación de la presencia de micénicos en Chipre en las centurias catorce y trece antes de la era. Lo más verosímil parece ser aceptar que la isla fue de una relevancia económica significativa para Micenas. Los micénicos buscarían afanosamente el cobre en Chipre y valorarían la isla como una escala (incluso como un intermediario) en sus otras actividades comerciales en el Próximo Oriente. Desde los puertos micénicos llegaron a Chipre muchas vasijas (hechas en factorías micénicas), sobre todo cráteras decoradas en el Estilo Pictórico, que se pintaban con procesiones de carros, pájaros y toros. Los chipriotas atesoraron estas piezas y gustaron de ser enterrados con ellas.

3 de septiembre de 2017

Hallazgo de huellas de homínidos en Trachilos, Creta

Se han descubierto en la isla de Creta, concretamente en el lugar de Trachilos, unas huellas humanas que podrían poner en tela de juicio la consolidada teoría al respecto de la evolución temprana y el origen geográfico de los homínidos. Las huellas fósiles recién aparecidas en este territorio griego tienen cerca de 5,7 millones de años de antigüedad. Los descubrimientos de fósiles más recientes en África, así como la presencia en Laetoli (Tanzania) de unas ya legendarias huellas de 3,7 millones de años de antigüedad, han consolidado la idea de que los primeros homínidos se originaron en África y, desde allí se dispersarían hacia Europa y Asia.
El descubrimiento de huellas humanas de tanta antigüedad en Creta cuestiona esta extendida teoría y sugiere que la realidad pudo haber sido mucho más complicada. La investigación ha sido llevada a cabo por un equipo internacional, con una especial participación de la Universidad de Uppsala, Suecia. La forma de los grabados indica sin ambigüedad que pertenecen a un homínido temprano. Estas improntas cretenses fueron dejadas en una costa arenosa, tal vez un pequeño delta fluvial, en tanto que las de Laetoli quedaron marcadas sobre ceniza volcánica. Sin duda, la edad y la ubicación de las huellas es lo que desatará las principales polémicas entre los investigadores y especialistas.
Con su datación, en torno a 5,7 millones de años, son más recientes que el homínido fósil más antiguo conocido, Sahelanthropus Tchadensis, contemporáneo de Orrorin Tugenensis de Kenia. En cualquier caso, serían más de un millón de años más antiguas que Ardipithecus ramidus, cuyos pies se parecen mucho a los de los grandes simios. Esta constatación entra en conflicto directo con la hipótesis de que Ardipithecus es un antepasado directo de los homínidos posteriores. Hasta este momento, todos los homínidos fósiles de más de 1,8 millones de años, edad de los primeros fósiles Homo hallados en Dmanisi, Georgia, procedían de África, lo que llevaría a la mayoría de los investigadores a concluir que era en ese continente donde el grupo evolucionaba.
Este hallazgo se data en el Mioceno tardío, una época geológica en la que el desierto del Sahara no existía y la isla de Creta todavía no era un territorio insular, pues estaba unida al continente. El descubrimiento de Trachilos coincide, finalmente, con la reinterpretación que se ha hecho, a comienzos del presente año 2017, de unos dientes y unas mandíbulas encontradas en Bulgaria y Grecia que corresponderían a un primate de 7,2 millones de años de antigüedad denominado Graecopithecus.

J.L.S., septiembre del 2017

1 de septiembre de 2017

Vídeos (XIV). La cuna de los dioses (Göbekli Tepe)


Magnífico documental sobre esa maravilla de la arqueología que se conoce como Göbekli Tepe, un yacimiento sito en el sudeste de Turquía y datable en el IX milenio a.e.c., que fue erigido por una sociedad de cazadores-recolectores en su transición al Neolítico.

J.L.S.

30 de agosto de 2017

Fenicia: el auge de las ciudades y el proceso colonizador





Imágenes, de arriba hacia abajo: un mapa que muestra el inicial proceso expansivo fenicia en el Mediterráneo Oriental, sobre todo en Chipre; restos del Templo de los Obeliscos en Biblos; una vista de las ruinas de la ciudad de Tiro, en Líbano y; un dracma fenicio de Arados, del siglo II a.e.c. en el que se observa una abeja con monograma en el anverso y un venado con palmera en el reverso, acompañado de la leyenda en griego alusiva a la ciudad.

Las ciudades fenicias, antiguas urbes marítimas cananeas de la franja central de la costa oriental del Mediterráneo, fueron continuadoras, durante la Edad de Hierro, de sus predecesoras de la Edad del Bronce, si bien el pasado sistema palacial alrededor del cual giraba la organización socio-económica, había declinado.
Con posterioridad a las invasiones de los Pueblos del Mar algunos de estos núcleos urbanos, no tan afectados como otros (Ugarit o Alalah, por ejemplo) por las destrucciones, empezaron a deplegar una importante actividad político-económica regional sin sufrir las interferencias de las potencias circundantes, pues habían desaparecido, estaban en franca decadencia o estaban pasando por un proceso de reestructuración.
Las ciudades de la costa fenicia que remplazan desde la Edad del Hierro a los centros cananeos del Bronce serán Sidón, Tiro y Arvad. El declive de Biblos, motivado tal vez por la desaparición de sus bosques, de gran relevancia en su economía, sería compensado por el apogeo de Sidón durante los siglos XII y XI a.e.c., transformándose en la ciudad de mayor importancia de Fenicia. Sidón fue capaz de emprender la reconstrucción y la repoblación de Tiro (parcialmente afectada), y desarrollar una significativa actividad mercantil debido a que representaba la salida natural para los productos procedentes de la zona de Damasco.
Sidón, que había sido el principal centro del comercio fenicio1, será sustituida, desde el siglo X a.e.c., durante el reinado de Hiram I, por Tiro. Desde ese instante, Tiro se convertirá en la más activa metrópoli fenicia, encabezando la colonización de la isla de Chipre y configurando la formación de empresas comerciales por todo el Mediterráneo y el Mar Rojo.
Los dos estados más poderosos de la región en esa época, Israel y la fenicia Tiro, establecieron una alianza de largo alcance. Tiro proporcionaba ayuda material y técnica útil para la erección del templo y el palacio de Jerusalén, además de cobertura marítima a las actividades del rey Salomón en el Mar Rojo, todo ello a cambio de metales como la plata, productos agrícolas y un acceso privilegiado a las rutas interiores en dirección a Mesopotamia, Siria y Arabia.
Tiro se convirtió en la más importante potencia comercial en todo el Mediterráneo oriental desde el siglo X al VII a.e.c., lo cual conllevó una hegemonía de su corte. Así se entiende que el rey Hiram ordenase una expedición hacia Chipre para exigir el pago de tributo, o que el rey Ithobaal I llegase a conformar un reino tiro-sidonio y promoviese su expansión por un sector del territorio de Biblos. Todo ello sin menosprecio de la alianza con Israel, que trajo como consecuencia un aumento de las influencias culturales fenicias en ciudades como Meggido o Hazor, y en regiones como Samaria.
El siglo IX es testigo de una colonización fenicia, promovida por los tirios, tanto del norte de Siria como de la región de Cilicia (Tarsos), en la actual Turquía, con la finalidad de controlar el acceso a los yacimientos de metales del sudeste de Anatolia. A través de un complejo entramado de factorías comerciales, con escalas en las costas chipriotas y el litoral del sureste de Anatolia, los fenicios de la ciudad de Tiro se adueñan de las actividades mercantiles, que incluyen metales y esclavos2. El predominio se extiende al Tauro y el Éufrates, con rutas que facilitan la penetración en el mar Egeo.
La prosperidad comercial fenicia estaba íntimamente asociada al estatus y poder de sus ciudades, en las que se había producido una constante aumento demográfico y una disminución de la producción agraria.
Las migraciones e invasiones de fines de la Edad del Bronce habían provocado que las ciudades fenicias perdiesen el dominio de territorios en el interior y el sur, poblados por tal motivo por filisteos, arameos y hebreos. Sus áreas de explotación agrícola se vieron reducidas a la región de la costa central, que sufrieron una fuerte intensificación requerida por el crecimiento demográfico. Además, el sobrepastoreo, imperante en virtud tanto de las condiciones del relieve como de las demarcaciones territoriales y políticas de las ciudades-estado autónomas, se convierte en limitantes también de la producción agrícola. A todo ello, por si fuera poco, se unía la deforestación de los montes del Líbano, reductos de las tan apreciadas maderas durante la Edad del Bronce, lo cual ocasionaba una continuada degradación de los suelos y propiciaba el aumento de la aridez del clima.
Como consecuencia de todo esto, durante el siglo X las ciudades fenicias se mostraban incapaces de asegurar el abastecimiento de alimentos que necesitaban sus cada vez más amplias poblaciones. En contrapartida, y como paliativo, los fenicios crearon y sistematizaron una gran producción especializada de manufacturas elaboradas, como marfiles, objetos de vidrio, tallas de madera, y piezas de orfebrería, con la que afrontar los intercambios de productos agrícolas que requerían.
La búsqueda de materias primas impulsó la ampliación de los horizontes mercantiles estimulando, de paso, un proceso expansivo comercial por el Mediterráneo y convirtiendo a los fenicios en verdaderos agentes de difusión e intercambio cultural.
El comercio a larga distancia posibilitaba transferir excedentes de una sociedad a otra. En casos, la transferencia puede llegar a ser el fundamento de la riqueza y el poder de la clase dirigente de tal sociedad.
Precisamente este era el caso de las ciudades de Fenicia, ubicadas en medio ambientes difíciles para obtener el excedente que garantice la estabilidad de los sistemas tributarios de los palacios. Tal dificultad propiciaba esporádicos retrocesos de las áreas urbanas y de aquellas sometidas a la explotación agraria. A principios del primer milenio a.e.c. es verificable una metamorfosis en lo relativo a los contenidos y la extensión de la actividad mercantil que los fenicios llevaban a cabo tradicionalmente.
Paulatinamente, las riquezas naturales y los bienes suntuosos se sustituyen por manufacturas de todo tipo, en tanto que los horizontes mercantiles se amplían sobremanera. Y ello ocurre debido a los problemas para adquirir los excedentes antedichos por mor de condicionantes adversos, de tipo demográfico (crecimiento y concentración poblacional), ecológico (deforestación y degradación de los suelos), social (mayor ciudadanía libre), económico (crisis del sistema de tributos) y político (paulatina pérdida del poder despótico monárquico).
En tal sentido, las causas del movimiento comercial y colonizador fenicio responden al hecho de que había aumentado en el seno de la sociedad fenicia la proporción de personas que vivían del excedente transferido a través del comercio, y no a la presión militar y tributaria proveniente de Asiria, como se ha creído durante décadas. La presión asiria, sin duda existente, sería un elemento más, pero no el más relevante. De hecho, tanto es así que la expansión fenicia por el Mediterráneo, que no es posterior a la novena centuria a.e.c., no coincidió con la época de mayor actividad militar y política asiria.
El conocimiento astrológico y las innovaciones técnicas relativas a la fabricación de embarcaciones y las labores de navegación, posibilitaron que los fenicios se aventuraran por el Mediterráneo en su búsqueda de materias primas y riquezas que requería su actividad comercial. La expansión marítima fenicia sería de mayor extensión y calado que la micénica3. En el occidente del Mediterráneo los fenicios accederían a riquezas mineras en Tartessos, al estaño de las islas Casitérides, al oro y al marfil africano. El periplo se realizaría avanzando de isla en isla, desde Chipre hasta Rodas y Creta (que facilitaban el acceso al continente), para desde allí alcanzar con facilidad las islas del Mediterráneo central, en particular Malta, Sicilia y Lampedusa, frente a la costa norteafricana. Desde esas zonas hasta Cerdeña y, finalmente, hasta las Baleares, sobre todo Ibiza, desde donde se alcanzaba el litoral meridional de la Península Ibérica así como las costas del norte de África. Todos estos fueron espacios colonizados por los fenicios.
Las tradiciones que recopilaron los escritores grecolatinos, así como ciertas referencias en los mitos griegos parecen corroborar el inicio de la expansión colonizadora fenicia en los siglos X y IX a.e.c., aunque la documentación arqueológica no puede demostrar la presencia colonizadora hasta comienzos del VIII. La falta de coincidencia entre las fuentes escritas y las arqueológicas puede explicarse por la existencia de una etapa pre colonizadora cuyas señas de identidad serían un mayor conocimiento geográfico, la realización de viajes muy esporádicos y la creación de pequeños santuarios, verdaderos núcleos a partir de los cuales se articularía, organizativamente hablando, el entramado colonial posterior.
El debilitamiento del sistema de la economía palacial facilitó la aparición en las ciudades fenicias de grupos de iniciativa privada que dinamizaron las actividades mercantiles. A pesar de ello, algunos templos, en concreto los dedicados a Melkart, en la ciudad de Tiro, siguieron desempeñando una función relevante. Como los antiguos karu asirios, eran útiles en la organización y protección del comercio. Es por tal motivo que la más arcaica expansión marítima fenicia se encuentra jalonada por la presencia, en etapas tempranas, y en lugares como Tasos o Gadir, de santuarios. Esa primera fase expansionista parece que no fue obra de una única metrópolis, aunque sería Sidón la ciudad que desempeñaría el rol más destacado. Sin embargo, a partir del siglo X a.e.c. Tiro iría sustituyendo la previa primacía de los sidonios al frente de las expediciones marítimo-comerciales.
En definitiva, la expansión colonizadora y mercantil fenicia por el Mediterráneo, que supuso una organización comercial a gran escala, transformó a sus ciudades, en específico a Tiro, a pesar de sus reducidos territorios y de su muy escaso poderío militar, en centros económicos y políticos de primera magnitud.

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB. FEIAP-UGR.

1 Hasta tal punto su prestigio fue mayúsculo que en los poemas homéricos sidonio era sinónimo de fenicio.
2 El comercio fenicio aparece atestiguado en toda la región gracias a inscripciones que confirman el empleo del fenicio como lengua oficial y que reflejan invocaciones a Melkart, principal dios tirio, por parte de mandatarios de reinos arameos y neohititas del norte de Siria y Cilicia.

3 Los contactos previos con los micénicos habían proporcionado a los fenicios algunas noticias relativas a la presencia de tierras allende los mares. Ambas civilizaciones mantuvieron cercanas relaciones a lo largo del Bronce Tardío, tal y como se evidencia por la presencia de cerámica egea en ciertos yacimientos en todo el litoral cananeo-fenicio, desde Ugarit o Biblos hasta Lakish y Gezer.

18 de agosto de 2017

La historiografía helenizante en la etapa imperial romana

Durante un dilatado período de tiempo, de varios siglos de duración, existió un elevado número de historiadores que desarrollaron su quehacer histórico. Algunos lo hicieron con visiones universalistas, otros, se limitaron a su época; algunos más lo llevaron a cabo siguiendo una metodología analística, casi de crónica, mientras que otros, con resabios de categorización formal de los hechos acontecidos. La mayoría, en cualquier caso, inoculados de paideía helénica y pagana.
Lo cierto, no obstante, es que ciertos autores no encajan del todo bien en la esfera de la historiografía. Se trata aquellos que, muy probablemente, deberían ser estudiados en contextos diferentes al historiográfico. Así, por ejemplo, sería el caso de Ateneo y Estobeo (en un contexto filológico de la Antigüedad), o el del reconocido Pausanias (en el de la geografía y los periplos). Son varios los nombres que se pueden mencionar en tales casos. El macedónico Polieno, autor de Estratagemas, una obra que trata una serie de curiosidades militares, dedicadas a los emperadores Lucio Vero y Marco Aurelio, es uno de ellos. Análogo a Polieno es Onasandro, autor del tratado Estratégico en tiempos de Claudio, y Eliano[1] con sus Tácticas. Otro sería Flegón de Tralles, quien escribió una obra que lleva por título Sobre prodigios y hombres longevos.
Hubo una serie de autores que se dedicaron a recoger noticias de todo tipo y condición. Entre estos cabe mencionar a Ateneo de Naucratis, que compuso un Banquete de los sofistas, una obra de enorme utilidad filológica, y a Diógenes Laercio, con su conocida Colección de vidas y opiniones de filósofos, un trabajo que colma lagunas de ignorancia sobre la antigua filosofía griega. También debe mencionarse a Juan Estobeo, un autor del siglo V, que escribió una Antología, repleta de pasajes de poetas y prosistas. Finalmente, no se puede relegar al olvido a Pausanias, un periegeta, que elaboró magistralmente su Descripción de la Hélade. Pausanias, en última instancia, es importante porque describe lugares y monumentos, pero también porque aporta innumerables noticias sobre temas históricos y mitológicos.
La lista de los egregios representantes de la historiografía debe iniciarse con Apiano (siglos I-II), autor de una Historia Romana en veinticuatro libros. Fue procurador imperial (de Antonino Pío, Lucio Vero y Marco Aurelio). La propuesta de Apiano fue la de escribir una Historia romana desde los remotos y míticos comienzos, esto es, desde la llegada de Eneas a Italia. Se inserta, en consecuencia, en la esfera de los historiadores universalistas. Entre los libros IV y XII narra los hechos y las guerras de los romanos contra los pueblos extranjeros, en tanto que en los siguiente cinco libros habla sobre las Guerras Civiles (XIII-XVII)[2].
Roma constituye el centro de la estructuración histórica de Apiano. Roma provoca una proyección hacia afuera (dominación de pueblos), una realidad historiada en los libros étnicos y también hacia adentro, hacia sí misma, realidad reflejada en los cinco libros de las Guerras civiles, cuya dimensión política es relevante. Roma es, en consecuencia, el fundamento histórico y gráfico de la obra.
Apiano, en fin, es una fuente primordial para determinadas parcelas de la historia, como ocurre con los acontecimientos de la tercera Guerra Púnica, los sucesos que rodean las Guerras celtíbero-lusitanas,  o acerca de la fundación de localidades como Itálica.
Lucio Flavio Arriano, originario de Nicomedia, llegó a ser sacerdote de Deméter, gobernador de la provincia de Capadocia (entre 131 y 137) como legado de Augusto y arconte epónimo de Atenas a partir de 138[3]. El cargo de gobernador resultaría fundamental en la adquisición de una serie de conocimientos geográficos y militares luego plasmados en el Periplo del Ponto Euxino[4] y en una obre titulada Táctica. Arriano escribió libros de disertaciones o Diatribas y un Manual de la doctrina de Epicteto. Estas últimas obras mencionadas pudieron ser escritas alrededor del año 120. Otras obras relevantes fueron Cinegético y Anábasis de Alejandro (esta última con un apéndice que es Historia de India).
Resulta interesante comprobar que para sus contemporáneos Arriano fue considerado sobre todo un filósofo. Así lo etiqueta Lucio Gelio Menandro, en tanto que Luciano le considera discípulo de Epicteto. Debería tenerse en cuenta, tal vez, que su historiografía ofrecía, digamos, un tono epistemológico tal que pudiera ser expresado por un vocablo genérico próximo a “conocimiento”, más asociado a la filosofía.
Desde su obra Cinegético Arriano comienza a realizar sus trabajos más propiamente históricos. Entre los mismos se encuentra la Anábasis de Alejandro, un homenaje a Jenofonte, así como la Historia de Bitinia, en la que se narra la historia de su lugar de origen, desde los arcaicos comienzos hasta el fallecimiento de Nicomedes IV Filópator en 74 a.e.c. Finalmente, otras dos obras históricas de las que se tiene conocimiento son la Historia posterior a Alejandro, una historia de los diadocos, y la Historia de los partos, cuyo contenido histórico fueron las guerras llevadas a cabo por Trajano contra los partos.
Casio Dion Cocceyano (Dión Casio según el ordenamiento griego), fue natural de Nicea, en Bitinia. Fue hijo de un gobernador provincial, cónsul y senador (Casio Aproniano), y probablemente fue pariente de Dión Crisóstomo. Debió ser senador al final del reinado de Cómodo, hacia 190. Pertinax le designo pretor en 194, pero el cargo lo desempeñó durante el gobierno de Septimio Severo. En tiempos de Severo Alejandro gozó de grandes privilegios, pues fue  nombrado procónsul de África, hacia  223, y posteriormente administró como legado de Augusto, Dalmacia y Panonia Superior. En 229 es nombrado cónsul ordinario.
A pesar de su desempeño público, su vida transcurrió con sosiego y en un contexto de relaciones intelectuales, con un sofista tesalio de nombre Filisco, con Filóstrato y con el círculo filosófico de Julia Domna. Una vez apartado de los asuntos públicos, entrado el siglo III, se retiró a escribir. Ese será el período destacado en la elaboración de su obra histórica.
La obra fundamental de Casio Dión se titula Historia romana. En ella se narra la realidad histórica que discurre desde la llegada de Eneas desde Troya a Italia, hasta el año 229, momento de su segundo consulado. Emplea un método (analítico) que ya era conocido, el de la recolección de notas, y luego una redacción esencialmente literaria, aunque con el matiz de que la selección puntual se hacía en el momento de la redacción. En cualquier caso, no fue un historiador que se dedicase a contrastar las fuentes de una forma objetiva.
Los primeros cincuenta libros, de un total de ochenta, abarcan la realidad histórica que va desde los Reyes hasta el final de la República, mientras que los restantes lo que acontece hasta el año 229. Hay en Casio una imitación de Tucídides pero también una relevancia dramática y de colorido emocional, enmarcadas en la historiografía trágica, de influencia retórica. No obstante, entiende que la historiografía debe evitar los detalles y trivialidades, en tanto que la naturaleza de la historia consiste en contrastar los hechos con principios racionales básicos, al modo de lo que haría Polibio.
Herodiano, del que se sabe bastante poco (tal vez sirio o anatólico de origen), escribió una Historia de Roma después de Marco Aurelio. La realidad que historia comprende el período temporal que discurre entre la muerte de Marco Aurelio y el inicio del gobierno de Gordiano III (238). La fecha de publicación de su  Historia debe fijarse hacia 250-253. Es bastante probable que Herodiano haya sido un esclavo o un liberto imperial, además de un funcionario de bajo rango de la administración pública.
La obra se divide en ocho libros, cada uno de ellos dedicado a uno o dos emperadores, desde Cómodo a Gordiano II[5]. Sin ninguna duda, la obra de Herodiano resulta imprescindible para conocer la realidad histórica de una sección relevante del siglo III. Su fuente indiscutible (salvo para unos pocos estudiosos, como Cassola o E. Hohl), más significativa fue Casio Dión.
Publio Herenio Dexipo y Eunapio de Sardes fueron otros dos historiadores de cierto renombre. El primero fue un ateniense que vivió hasta el último cuarto del siglo III. De la estirpe de los Cérices desempeñó oficios de renombre, entre ellos el de alto sacerdote, agonoteta y arconte epónimo. Focio le atribuye varias obras: Historia de los sucesos después de Alejandro, Abreviación Histórica y una Historia de los escitas[6]. La Historia de los Diádocos es únicamente un resumen de la obra de Arriano, mientras que Abreviación histórica corresponde a  la obra conocida como Crónica, su obra principal. El contenido de esta obra abarca desde los tiempos arcaicos hasta el reinado de Claudio.
Eunapio de Sardes, por su parte, escribió una obra de historia que es la continuación de la de Dexipo, abarcando desde el año 270 hasta 404, a comienzos del siglo V. Es una obra denominada Vidas de Filósofos y Sofistas. En Atenas, Eunapio fue discípulo del sofista Proheresio y posteriormente en Lidia le propondrían una cátedra de sofista. En Sardes se inició en la filosofía neoplatónica de Jámblico de la mano de Crisantio.
Su obra Vidas de Filósofos y Sofistas, escrita en 395 o algo después, es un homenaje a la cultura filosófica y literaria de la segunda mitad del siglo IV. Establece en ella la unidad de paideia griega y de religión pagana. Gracias a Focio su denominación usual como Crónica ha trascendido.
Según su propia concepción, la historia debe buscar un fin edificante y moralista (la paideia griega). La virtud y la sabiduría se hallan en los acontecimientos y en los propiciadores de tales hechos. Es por eso que su secuencia temporal es la secuencia biológica de los emperadores. El talante filosófico de Eunapio le conduce hacia los hechos sin ninguna fijación temporal, así como hacia el emperador Juliano, como convergencia histórica y representante máximo de la paideia griega aludida.
De la vida de Olimpiodoro también se conoce muy poco. Según los datos que aporta Focio (la obra de Olimpiodoro se conserva en los fragmentos de la Biblioteca de este autor), pudo haber nacido hacia 380, y haber desarrollado una actividad diplomática al servicio de Teodosio II en oriente, al que dedicó su historia. No obstante, es probable que también haya estado al servicio de Honorio, en occidente. Hay mayor seguridad en el hecho de que viajó mucho y que se movió en un círculo neoplatónico. Tal es así que Hierocles, neoplatónico y pagano, le dedicó una obra titulada Sobre la providencia y el destino. Viajó también a Egipto (de hecho se le atribuyen los fragmentos de una Blemmyomachia sobre un papiro), y estuvo en Roma, probablemente para la coronación de Valentiniano III.
Los fragmentos de la obra de Olimpiodoro se refieren al mundo occidental romano, y solamente se conocen gracias a una compilación realizada por Focio. También se puede deducir de las últimas secciones de la Historia Nueva de Zósimo. Su obra histórica puede ser datada, con relativa fiabilidad, a partir de 425 o 427.
Zósimo es un autor que se conoce, únicamente, por intermediación de Focio, quien le atribuye una obra de historia en seis libros (que pudo haber escrito después del año 425). Su historia haría un recorrido desde Augusto hasta el sitio de Roma por Alarico. Según Focio, Zósimo era un pagano culto que pudo haber vivido un tiempo en Constantinopla.
El título de la obra de Zósimo, según consta en el manuscrito Vaticanus Graecus 156, es el de Historia Nueva, aunque Focio habla de Nueva Edición. La amplitud de su contenido histórico es bastante variable, pues es muy extenso para el primer libro y verdaderamente escaso el del libro tercero, que casi únicamente contempla la figura de Juliano. También resulta muy desigual en relación a las esferas históricas de Oriente y Occidente, sin que exista equilibrio alguno. De los contenidos se destacan, sobremanera, algunos capítulos del libro segundo, en donde Zósimo vierte su acérrimo odio contra Constantino, ofreciendo una versión pagana de la conversión de aquel al cristianismo.
Por otra parte, finalmente, las fuentes de Zósimo fueron Eunapio y Olimpiodoro, entre otros autores posibles[7].

Prof. Dr. Julio López Saco
UCV-UCAB. FEIAP-UGR.



[1] Las obras de Claudio Eliano Sobre la naturaleza de los animales, una obra repleta de curiosidades, así como Historias varias, se toman, por el contrario, con una mayor seriedad historiográfica.
[2] En los libros XVIII al XXI Apiano referiría una historia de Egipto. Focio extiende las Guerras civiles hasta el libro XXI porque los protagonistas fueron romanos: Antonio, Cleopatra y Octavio.
[3] Arriano habría sido designado también, previamente, cónsul suffectus y procónsul de la Bética, en torno a 125.
[4] El Periplo del Ponto Euxino es una suerte de informe, dedicado a Adriano, inspirado  en Menipo de Pérgamo, concretamente en su obra Periplo del mar interior. Este escrito combina una faceta práctica y teórica, al igual que en la Alánica y el tratado Táctica. Este último recuerda pasajes de las Tácticas de Eliano Táctico (que a su vez deriva de Asclepiódoto, discípulo de Posidonio). Los expertos (E.L. Wheeler) han considerado muy probable que el tratado sea una composición para homenajear las vicennalia de Adriano.
[5] Solamente Septimio Severo cabalga dos libros. Además, Macrino es puente entre Caracalla y Heliogábalo.
[6] Esta Historia trataba de la invasión de los godos en el Imperio romano desde 238 hasta 274, el final del reinado de Aureliano.
[7] El pragmático Zósimo (según D.C. Scavone) señala que Heródoto inspiró su concepción  teológica de la historia, mientras que Polibio confirió autoridad a su intencionalidad histórica, ya que si bien este último historió el origen y ascenso del Imperio romano, Zósimo hizo lo propio con su decadencia.